Islas Ballestas y la Reserva de Paracas: el otro rostro del desierto peruano

Formaciones rocosas de las Islas Ballestas frente a la costa de Paracas

PARACAS — A poco más de tres horas al sur de Lima, la costa de Ica se abre en un paisaje que rompe con la imagen más difundida del Perú: en lugar de montañas verdes o selva, aquí el desierto llega directo al mar. La Reserva Nacional de Paracas, creada en 1975 para proteger uno de los ecosistemas marino-costeros más ricos del país, y las Islas Ballestas, frente a sus costas, forman uno de los circuitos de naturaleza más visitados del litoral peruano.

El recorrido más popular empieza en el muelle de El Chaco y se hace en bote, bordeando primero el Candelabro, una enorme figura de casi 200 metros trazada sobre la ladera de un cerro cuyo origen exacto —¿un símbolo religioso paracas, una referencia náutica colonial, un símbolo masónico?— sigue siendo motivo de debate entre arqueólogos e historiadores locales, sin que exista hasta hoy una explicación definitiva y unánime. Desde ahí, las embarcaciones continúan hacia las Islas Ballestas, donde conviven miles de lobos marinos, pingüinos de Humboldt, piqueros, pelícanos y otras aves guaneras en un entorno de arcos y cuevas rocosas esculpidas por el oleaje.

Un ecosistema que también fue motor económico

Durante buena parte del siglo XIX, estas mismas islas fueron el centro de la llamada «era del guano», cuando el excremento acumulado de las aves marinas se convirtió en uno de los principales productos de exportación del Perú, usado como fertilizante en Europa y América. Ese pasado económico dejó huellas visibles en la explotación histórica de la zona, aunque hoy la actividad principal es la conservación: el guano sigue extrayéndose de forma controlada y regulada, mientras la observación de fauna se ha convertido en el atractivo central para el visitante.

En tierra firme, la Reserva Nacional de Paracas ofrece un segundo circuito, esta vez en vehículo, por formaciones como la Catedral —un acantilado remodelado varias veces por sismos y erosión marina— y playas como La Mina o Yumaque, de arena rojiza y aguas tranquilas. Los guardaparques y guías de la zona coinciden en señalar que la combinación de desierto, mar y fauna concentrada en un área relativamente pequeña es lo que distingue a Paracas de otros destinos de naturaleza del país, donde suele hacer falta recorrer distancias mucho mayores para ver una diversidad comparable.

Para el turista que busca naturaleza sin alejarse demasiado de Lima, Paracas y las Islas Ballestas ofrecen algo que otros destinos peruanos no pueden igualar en tan poco tiempo: en una salida de medio día es posible ver lobos marinos, pingüinos y aves guaneras, y en la misma jornada recorrer acantilados desérticos frente al Pacífico, todo antes de volver a dormir en la capital.